jueves, 26 de abril de 2012


Era negra noche, clara luna.
Te empezaste a mover, y entonces un tembloroso gemido empezó a resquebrajar la coraza que habitaba en mí. Y eras tú, con tus ojos color de miel, piel de aceituna, manos suaves y nudosas, cabellos ondulados pardos, ancho pecho y ancha espalda, fuertes hombros e incautos ademanes. Y fue tu sonrisa de ángel, tus facciones afiladas, tus cejas expresivas, tus labios cazadores. Y me moví en un rencoroso vaivén para recordarte quién manda aquí. Y entonces…un tembloroso gemido te recordó que estabas aquí. Debajo de mí.

No hay comentarios: