Si me ves pasar, no me saludes.
Deja que siga mi paso lento, rítmico, silencioso.
Deja que mi mirada siga recorriendo el gris y triste suelo.
Deja el sol se pose sobre mis hombros,
que nuestras voces no se crucen,
que mis alas no se corten.
Deja tu jaula de oro en el suelo,
guárdate el candado en el bolsillo,
(y dame a mí la llave.)
guarda tus halagos y tu imitada comprensión.
Guarda tus juicios, tus descripciones sobre mi persona.
Sólo quédate ahí, y quédate mirando.
Quédate escuchando mis pasos.
Recorre mis miradas si quieres.
Pero, si me ves...
no me saludes.
2 comentarios:
La libertad absoluta lleva implícita la soledad absoluta. Dos caras de una misma moneda.
Tus versos evocan (o al menos para mí evocan), una tremenda sensación de libertad (y soledad).
Por supuesto...pero la Libertad de ser quién uno es, la libertad de escoger y decidir, con su acierto y su error, es tan valiosa que raramente la Soledad se hace una moneda demasiado cara.
Un saludo.
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