jueves, 12 de abril de 2012

Cigarrillos y Cerveza



El puño de acero resbaló sobre mi sien.
El puño de acero resbaló sobre mi sien.
El puño de acero resbaló sobre mi sien.
El puño estaba enfundado en cuero y me sentí morir.
Gotas de sangre resbalaron amigablemente, rociaron mi cuello,
mi estupor, todo mi ser.
Y las gotas de sangre que yo bebí fueron resbalando,
e impregnaron todo mi ser.
Entonces yo sentí que la vida se me iba, se me iba…
Pero seguí caminando
y caminando
hasta encontrar el trecho maldito del camino.
Era un batiburrillo de dolor y sequedad de color añil.
Se vestía de rabia un cielo amarillento,
Y sus ojos me miraron macilentos, mórbidos, temerosos, enfundados de un coraje horrible, falso, con fecha de obsolescencia…

Y entonces entramos ambos en la estancia, una pequeña oficina,
una sola lámpara, un ambiente cargado de humo, y él llevaba en la frente escrita una sentencia, decía:
“TE VOY A PUTEAR”.
Y yo me senté con los ojos hinchados, las manos nudosas y huesudas sobre mis rodillas,
el pecho vendado, la mirada envenenada, y me dijo:
“Come.” “¡Come!”
Y ante mí apareció un plato repleto de carne, e  hinqué el tenedor, y me lo metí en la boca.
Y entonces…carne de hombre.

De lo que odias, te alimentas.

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