Vivir.
Morir.
A la hora del Dolor
convergen los senderos del Temor.
A la hora de la Venganza
se desnuda la Conciencia
y se trasnocha la Paciencia.
Se aviva el Resquemor.
Perseguí un rastro de cabellos castaños
rubios
rojizos
sin dar lugar a un silencio cierto.
Sin dar lugar a unas pupilas apuntándome.
Es tan larga la noche
y es tan corta la vida.
Es tan sereno el silencio
y es tan huidiza la harmonía
de la melodía, de la sintonía
que desprenden, sensuales, las palabras certeras,
las lanzas
las hachas
las flechas
las espadas.
Suenan tan lejos los arpegios
y se siente tan viva la ausencia.
De la alma la ambivalencia
de la mirada la ambigüedad.
Del vino la dulzura.
De los pies la precariedad.
Del abrazo la prisión.
De la soledad la salvación.
Del dolor la curación.
Y del hechizo el despertar,
contínuo, como un trasiego, con tal veracidad,
que eriza la espina dorsal.
"Aquellos hombrecillos que venían de la Luna nos enseñaron a amar la Lírica latente en todas las cosas, sin importar forma, ni modo, ni máscara o prisión...de pronto, en el menor reflejo de crueldad, había belleza...una mano larga y pálida había encegado nuestros ojos para abrir nuestro corazón. "
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lunes, 4 de junio de 2012
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