Si me ves pasar, no me saludes.
Deja que siga mi paso lento, rítmico, silencioso.
Deja que mi mirada siga recorriendo el gris y triste suelo.
Deja el sol se pose sobre mis hombros,
que nuestras voces no se crucen,
que mis alas no se corten.
Deja tu jaula de oro en el suelo,
guárdate el candado en el bolsillo,
(y dame a mí la llave.)
guarda tus halagos y tu imitada comprensión.
Guarda tus juicios, tus descripciones sobre mi persona.
Sólo quédate ahí, y quédate mirando.
Quédate escuchando mis pasos.
Recorre mis miradas si quieres.
Pero, si me ves...
no me saludes.