lunes, 4 de junio de 2012

Vivir. 
Morir. 
A la hora del Dolor
convergen los senderos del Temor. 
A la hora de la Venganza
se desnuda la Conciencia
y se trasnocha la Paciencia.
Se aviva el Resquemor. 
Perseguí un rastro de cabellos  castaños
                                               rubios
                                               rojizos
sin dar lugar a un silencio cierto. 
Sin dar lugar a unas pupilas apuntándome. 

Es tan larga la noche
y es tan corta la vida. 
Es tan sereno el silencio
y es tan huidiza la harmonía 
de la melodía, de la sintonía 
que desprenden, sensuales, las palabras certeras, 
las lanzas
las hachas
las flechas
las espadas. 

Suenan tan lejos los arpegios
y se siente tan viva la ausencia. 
De la alma la ambivalencia
de la mirada la ambigüedad. 
Del vino la dulzura.
De los pies la precariedad. 
Del abrazo la prisión. 
De la soledad la salvación. 
Del dolor la curación. 
Y del hechizo el despertar,
                         contínuo, como un trasiego, con tal veracidad,  
                                                            que eriza la espina dorsal. 


1 comentario:

Anónimo dijo...

"A la hora del Dolor
convergen los senderos del Temor."

"Del abrazo la prisión.
De la soledad la salvación.
Del dolor la curación."

"El arte es ambiguo y polivalente" dijo alguien de quien no recuerdo el nombre.

No sé bien si entendí, o mejor dicho, sé bien que no entendí, pero me llegaron especialmente algunas cosas.

Un beso grande